lunes, 12 de diciembre de 2011


Libros en Buenos Aires

En tiempos en que el libro se desmaterializa a la par que se vuelve electrónico y su lectura ya no es lineal sino fragmentaria y multimedial, la UNESCO designa a Buenos Aires como Capital Mundial del Libro 2011. Nos referimos a una ciudad con mucho público aunque los sondeos de las encuestas no hablan de abundancia de lectores, más bien esta distinción ha servido para vincular al libro con otros medios expresivos como el arte y la música y de esta manera atraer espectadores.




En abril se instaló en Plaza San Martín Torre de Babel de Libros, una obra artística en proceso y de participación masiva concebida por la plástica Marta Minujín, que realizó una intervención urbana inspirada en el célebre cuento La Biblioteca de Babel de Jorge Luis Borges. Consistió en una estructura cónica de unos veinticinco metros de alto por quince de diámetro en su base, recubierta por 30 mil libros en diferentes idiomas como metáfora de las diversas colectividades que conviven en la ciudad. La obra se desmontó tras un par de meses de exhibición y sus libros fueron a formar una Biblioteca Multilingüe. 

Las habituales Feria del Libro, Noche de los Museos y Feria del Libro Infantil y Juvenil multiplicaron sus actividades en los barrios en adhesión al título honorífico. Hubo conciertos, ciclos de poesía, lecturas, intervenciones artísticas, conferencias, muestras pictóricas y cine. Al cabo de unos días, las librerías de la ciudad participaron del movimiento "Buenos Aires, vereda de libros", donde se exhibieron sus materiales con la intención de acercar autores, libreros y lectores.

Buenos Aires Capital Mundial del Libro 2011 ha ido transcurriendo con el atractivo de eventos abiertos a la comunidad, aunque no siempre habrá congregado lectores fanáticos como pareciera sugerir. De todas maneras, es auspicioso que se viva como un reconocimiento a la lectura, a los emprendimientos editoriales, a a las bibliotecas populares, a los escritores e instituciones que defienden el derecho de autor, aunque los tiempos hayan cambiado y predominen las cadenas de librerías con vidrieras uniformes acordes a los dictados del mercado globalizado y no haya a la vista tantas reservas de clásicos literarios ni expertos que nos guíen en la búsqueda de autores. Siguen existiendo ferias de libros usados en plazas y parques, así  como algunas propuestas singulares en librerías anticuarias y de saldos, afortunadamente tampoco podemos sentir la amenaza de una inminente ciudad sin libros como imaginó Bradbury en Fahrenheit 451

Todo lo que se ha hecho desde el 23 de abril y en lo que va del año en el marco de Buenos Aires como productora y sede de cultura ha sido enriquecedor en cuanto a propuestas artísticas y se programa continuar con otros acontecimientos hasta el 23 de abril del año próximo. Más allá de la tendencia a leer sin papel, de hecho pueden convivir en armonía los soportes tradicionales con los digitales, promocionar los libros siempre es auspicioso y en particular a los argentinos nos resarce en parte de aquellas fogatas que ordenó la última dictadura militar para intentar sin éxito acallar las voces en tinta y papel. 
Graciela Ullán.

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