lunes, 10 de febrero de 2014

Itálica, las ruinas romanas de Sevilla

Itálica ©Candela Vizcaíno, todos los derechos

La vecina Hispalis (Sevilla) quedaba a menos de quince kilómetros, el río Betis (Guadalquivir) desparramaba sus riquezas por un fértil valle donde se prodigaban las huertas y los deliciosos frutales. En un alcor, un general de la familia de los Escipiones establece un bastión definitivo para dejar a los veteranos de una batalla cercana. La pelea fue con los turdetanos, los mismos que nos dejaron para la posteridad el maravilloso Tesoro del Carambolo del que puede verse una copia en el Museo Arqueológico de Sevilla, en el recinto del Parque de María Luisa.


Itálica ©Candela Vizcaíno, todos los derechos

Eso sucedió dos siglos antes del nacimiento del Cristo y el lugar fue creciendo tranquilamente al amparo de los ilustres moradores que aquí habitaron. Cuna del emperador Trajano, también vio crecer al exquisito Adriano. Fueron las décadas centrales del siglo II las de mayor esplendor del lugar. A partir de entonces, Itálica fue paulatinamente sepultada por el polvo del olvido y ello a pesar de estar en la ruta inicial de la Vía de la Plata, la misma que unía el puerto de Cádiz con la actual Gijón; el Mare Nostrum con el bravo Cantábrico.  

Itálica ©Candela Vizcaíno, todos los derechos

Itálica, historia mínima de una ciudad pagana


Abandonada por sus habitantes, piedras, columnas, esculturas o mosaicos de la, en otra época, próspera Itálica son utilizados como elementos constructivos en emplazamientos diversos. Comienza así una dispersión que termina ya bien entrada la Edad Media cuando la tierra y el viento sepultan las ruinas de la ciudad pagana.

Así continuaría hasta inicios del siglo XX, cuando, con ayuda de adinerados próceres locales, se procede a realizar las primeras excavaciones arqueológicas. 

El mecenazgo nunca fue desinteresado y gran parte de las más hermosas esculturas, columnas o mosaicos que se rescataron entonces pasaron a formar parte de las colecciones privadas de la aristocracia de Sevilla, a la par que se guardaba un lote en el Museo Arqueológico, en un lateral de la Plaza de América, creado al calor de los fastos de la Primera Exposición Universal, la de 1929.


¿Qué ofrece Itálica al viajero del Siglo XXI?


De su antigua majestuosidad y riqueza quedan algunos restos repartidos por todo el casco urbano de la ciudad de Santiponce (a apenas 10 kilómetros de la capital). Si el viajero dispone de tiempo, puede darse un paseo por los siguientes emplazamientos. Hago nota que estos no están abiertos al público y que hay que verlos a través de una valla metálica:
  • El teatro, vecino del Monasterio de San Isidoro.
  • Las termas y edificios administrativos anexados.
  • El recinto principal vallado, con sus calles originarias, villas y edificios públicos.

Itálica ©Candela Vizcaíno, todos los derechos

Es este último emplazamiento el que conserva la esencia de Itálica y donde se puede pasear disfrutando de un espacio ajardinado con olorosos pinos y altos cipreses. No hay que perderse:

Una visita al anfiteatro, lugar de barbarie del culto pueblo romano donde lo mismo perdían la vida animales salvajes que gladiadores o inocentes prisioneros. También se puede acceder a las galerías y al graderío.

Con buen tiempo, hay que pasear por sus calles. Se conservan parte de las calzadas originales y las cloacas que se pueden ver por distintos puntos.

Itálica ©Candela Vizcaíno, todos los derechos


Una bella calzada flanqueada por altos cipreses, guardados, a su vez, por retorcidos olivos, van dirigiendo al visitante por lo que queda de las ricas villas que conformaban Itálica.

Itálica ©Candela Vizcaíno, todos los derechos

  • La mejor conservada es la llamada Casa de los Pájaros, una auténtica mansión de la época de la que se puede disfrutar del patio con su fuente para recoger el agua,  de las columnas, de unas termas privadas y de buena parte de los suelos adornados en mosaico.
  • Casa del Patio Rodio.
  • Casa del Planetario, llamada así porque uno de sus mosaicos representa los días de la semana con sus planetas correspondientes.
  • Edificio de Neptuno.
  • Edificio de la Exedra.


Los que gusten de caminar, tras completar el recorrido y subir hasta la plazoleta donde señorea una estatua de Trajano, pueden acercarse, acompañados  siempre por vetustos olivos, hasta las termas menores y los nuevos edificios que se están excavando en la actualidad.


Itálica ©Candela Vizcaíno, todos los derechos

De Candela Vizcaíno