lunes, 18 de noviembre de 2013


Santa María La Mayor de Roma

Santa Maria la Mayor de Roma

Turismo en Roma 


Ni que decir tiene que Roma tiene que mucho eternidad que ver y la gran mayoría de los visitantes hace los tres circuitos que unen el triángulo mágico. Por un lado, la Roma barroca (Quirinal o Fontana de Trevi, por ejemplo). Por  el otro, vestigios antiguos (Foro Romano, Museos Capitolinos, Coliseo, catacumbas…) y, en el vértice, Vaticano (aunque los Museos tienen una buena muestra de arte pagano).

Sin embargo, hay viajeros más afortunados que disfrutan de más tiempo y desean profundizar aún más en la historia de Roma. También los hay que, quizá, no soporten la extremada algarabía de ciertos puntos de interés y prefieran adentrarse con más calma en otra zona de esta impresionante urbe. Sea cual sea tus preferencias, viajero, no te puedes perder una visita a la Iglesia de Santa María la Mayor.

Esquilino de Roma 


El templo está situado en el Esquilino, un barrio, en principio, de poco interés, pero repleto de pequeñas iglesias llenas de tesoros ocultos. La de San Pietro in Vincoli, por ejemplo, alberga, nada más y nada menos, que el Moisés de Miguel Ángel, mientras que Santa Prudenziana y Santa Prassede muestran con orgullo impresionantes mosaicos del siglo IV  y IX.


El viajero que se sienta atraído por los frescos barrocos no puede perderse los de Gaspare Daughet en San Martino ai Monti. Pero, sin lugar a dudas, la joya del Esquilino es Santa María la Mayor, un templo católico consagrado a la Virgen cuyo origen se remonta al siglo V, aunque no acabaron las obras hasta finales del XVIII.

Santa María la Mayor



Pero empecemos por el principio. Santa María la Mayor no tiene pérdida ya que hay un obelisco egipcio que indica el camino hacia esta iglesia fundada a raíz de un milagro: el de la nieve.

Santa María la Mayor de Roma

Cuentan las crónicas que la Virgen se apareció en sueños, en el año 352, al Papa Liberio y le ordenó construir una iglesia allí donde apareciera nieve. Resulta que el 5 de agosto de ese mismo año, en el Esquilino, entonces totalmente abandonado, nevó una mañana y, por tanto, el pontífice se apresuró a construir la iglesia. Se realizó un sencillo edificio compuesto por tres naves, el cual, conforme avanzaba la devoción, se fue progresivamente embelleciendo.

Así, en la Edad Media se embaldosó el suelo al completo con unos impresionantes mosaicos con la narración de la vida de Cristo. El techo tuvo que esperar hasta el siglo XV cuando se añadió un artesonado rematado con oro traído de América (cuenta la leyenda que por el mismísimo Colón). La fachada y las cúpulas gemelas que se aprecian nada más vislumbrar la iglesia fueron superpuestas en el siglo XVIII, cuando la avalancha de fieles obligó a dar mayor empaque monumental al edificio.

Bellas capillas y frescos se desperdigan por aquí y por allá. Sin lugar a dudas, el mejor día para visitar Santa María la Mayor es el 5 de agosto, cuando se celebra unos oficios especiales en el que se lanzan pétalos de flores blancos en recuerdo del milagro de la Virgen.

Santa María la Mayor de Roma






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