viernes, 25 de enero de 2013

Qué ver en Berlín: Reichstag, Rotes Rathaus y Puerta de Brandeburgo



Independientemente de su Isla de los Museos, de sus parques, de sus festivales y de todo el ambiente cosmopolita de Berlín, en la ciudad hay tres edificios (de carácter político) que son de visita ineludible: el Reichstag, el Ayuntamiento o Rote Rathaus y la conocidísima Puerta de Brandeburgo.

1.- El Reichstag, testigo de la historia de Europa


Es uno de los edificios emblemáticos de la reciente historia europea y de Alemania. Aunque fue levantado a finales del siglo XIX, por lo que tiene de símbolo, se ha convertido en una referencia a todos los niveles. Estoy hablando del Reichstag, de imponente fachada y planta neoclásica.

Al margen de haber servido de decorado para películas de todo tipo, el Reichstag merece una visita detenida. Fue objeto de una (supuesta) conspiración por parte de los nazis. El resultado fue un tremendo incendio que lo destruyó casi por completo. Con el régimen de Hitler se habilitaron únicamente las salas y los espacios necesarios para los asuntos de diario. La II Guerra Mundial estaba a las puertas y el Reichstag no tardó en sufrir el bombardeo de las tropas aliadas.


Tuvo la mala suerte de quedar en el lado soviético de Berlín por lo que fue abandonado a su suerte. Bueno, más bien, al vandalismo, a la desidia, a los graffitis sin ningún tipo de carácter artístico o de verdadero protesta, al estilo del Kunsthaus Tacheles, otro lugar simbólico de la historia contemporánea de Berlín.  

No fue hasta 1989, con el desmoronamiento del régimen comunista y la apertura del Muro de Berlín, cuando el Reichstag pudo incorporarse a la ciudad. Las obras de rehabilitación no tardaron en llegar de la mano del británico Sir Norman Foster, que ya estamos en la Europa unida. Hoy todo el edificio y, especialmente, su maravillosa cúpula acristalada vuelven a ser el símbolo de un Berlín unido y centro de Europa.  

2.- Rotes Rathaus o Ayuntamiento de Berlín


El Rotes Rathaus de Berlín, literalmente edificio de color rojo, es la sede del Ayuntamiento de la ciudad. Se encuentra en Rathausstraße.  Es una mole en ladrillo rojo construida a finales del siglo XIX siguiendo la inspiración del Renacimiento florentino. Está rematada por una alta torre. El diseño corrió a cargo de Hermann Waesemann. Terriblemente dañado tras la II Guerra Mundial, como toda la ciudad, por cierto, se reconstruyó a partir de los años cincuenta y fue artificiosamente divido con la construcción del Muro de Berlín.


Destaca su sala heráldica que se utiliza como espacio de protocolo. Aquí sobresalen sus vidrieras insertas en unas ventanas neogóticas que dan a la calle. La alta torre coronada por un reloj puede constituirse en la mejor simbolización de la superación de todas las vicisitudes, guerras y separaciones incluidas. El edificio se puede visitar por dentro y, además, su conocida Sala de las Columnas se utiliza como lugar de exposiciones de arte.

3.- Puerta de Brandeburgo


Muy cerca del Reichstag se encuentra la Puerta de Brandeburgo, que no es un edificio dedicado a la actividad política, aunque sí es, como los otros dos que protagonizan este texto, un mito histórico, no ya de Berlín, sino de toda Alemania.


Este espectacular monumento no es un Arco de Triunfo (como la Puerta de Alcalá o el que se encuentra al final de los Campos Elíseos). Es una auténtica puerta de entrada a la ciudad al estilo de las que solían abrirse en las murallas medievales. Eso sí, con unas proporciones diferentes, ya que mide más de 25 metros de alto.

Fue construido a finales del siglo XVIII y sus columnas en forma de pórtico están rematadas con una escultura en bronce representando a la diosa griega Victoria, que entra en la ciudad conducida por cuatro briosos caballos.

Hoy la Puerta de Brandeburgo es un lugar especial, escenario de conciertos o marchas de protesta, un lugar vivo de la ciudad de Berlín y, por extensión, de Europa.
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