jueves, 3 de mayo de 2012


Nueva York: Estatua de la Libertad


Con 46 metros de altura y 225 toneladas de peso sobre un pedestal que la eleva a 93 metros, la Estatua de la Libertad se impone en la bahía de Nueva York, sobre la isla de Bedloe hoy llamada De la Libertad, donde confluyen el Atlántico y la desembocadura del río Hudson. Imposible no ver esta especie de diosa mitológica ataviada con túnica cuando se arriba en barco o en avión, imposible no querer acercarse a este coloso que pretendió emular al antiguo Rodas, aunque tiene la suerte de mantenerse en pié.

Liberty Enlightening the World (La Libertad alumbrando al mundo) fue un regalo del pueblo francés al norteamericano para conmemorar el centenario de la Independencia y como prueba de fraternidad entre ambas naciones, que bajo las órdenes del arquitecto Frédéric Auguste Bertholdi llevó quince años construir y pudo emplazarse el 28 de octubre de 1886, sobre un soporte de hierro diseñado por el ingeniero Gustave Eiffel. Desde entonces sobrellevó restauraciones, que implicaron cambios de materiales originales por otros más modernos y resistentes. 


Su antorcha fue reemplazada por una laminada en oro, iluminada por lámparas desde un balcón circundante; la antigua se expone en el museo del monumento. También su estructura interior de hierro se cambió por acero inoxidable, aunque su exterior sigue siendo de láminas de cobre remachadas que el paso del tiempo tornó verdosas. Fue declarada Monumento Nacional de los Estados Unidos y Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.


 Visitar la Estatua de la Libertad


Administrada por el Servicio de Parques Nacionales estadounidenses, acceder a la base de la Estatua de la Libertad y a las partes permitidas es gratis, si bien la cantidad de entradas es limitada (se reservan por Internet o se adquieren en las compañías de ferry hasta con seis meses de anticipación). Se pagan los ferries Statue Cruise, que salen de Battery Park, en el centro de Manhattan, o del Parque Liberty State, en Nueva Jersey. 

Las excursiones incluyen visita a la Isla de Ellis, donde está el Museo de la Inmigración, y a la Isla de la Libertad, con acceso al monumento si lo dice el ticket, paseos abiertos diariamente de 9 de la mañana a 5 de la tarde, excepto el feriado navideño. Los pasajes cuestan 12 dólares para adultos, 10 para mayores de 65 y 5 para niños (4 a 12 años). Recorrer el interior de la estatua está vedado por estos días porque se llevan a cabo modificaciones por seguridad en escaleras y accesos, aunque se puede descender en la isla.

Los monumentos no son ingenuos y la Estatua de la Libertad tampoco lo es, si su creador Bartholdi decidió ponerle una corona de espinas antes que un gorro frigio habrá tenido sus razones. Con una antorcha encendida en su mano derecha hacia el cosmos, con la tablilla de la Ley que sostiene su mano izquierda donde consta la conmemoración independentista del 4 de julio de 1776, con una cadena rota a sus pies, a la Estatua de la Libertad se la valora casi como un bien de consumo. “Vivimos en la América de ensueño que nos hemos hecho a medida a través del arte, la sensiblería y la emociones, tanto como en la América real”, dijo Andy Warhol, que supo plasmarla en sus telas pop.


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