miércoles, 25 de enero de 2012


La City y Christopher Wren


Las grandes capitales contemporáneas ejercen sobre nosotros un poderoso atractivo, despiertan nuestra curiosidad y estamos dispuestos ante ellas, a dejarnos llevar. Abren las puertas a nuestra imaginación –parecen tomarnos de la mano- y seducidos, nos dejamos conducir.

Herederas directas, vivos testimonios de nuestra experiencia como humanidad, nos atraen también por la riqueza y vitalidad de su devenir cotidiano. Accedemos a ella y por unos momentos, tal vez nos la apropiamos; somos una parte de su propio latir, su presente y su pasado. Tal vez por eso nos gusta viajar.


Incendio de Londres


La voz de estas ciudades, tiene mucho que contar. Pueden deslumbrarnos, como en el caso de Londres, sus innumerables espectáculos, su historia, su arquitectura, sus personalidades, su literatura, su vitalidad. Una mirada y un oído atento siempre encontrarán mucho más. La historia de estas ciudades siempre llega más lejos de lo que los libros nos pueden contar. Su historia, la de calles adentro, paso a paso, rincón a rincón, tal vez sea también la historia de su propia reinvención.

Los años 1665 y 1666 son esa clase de fechas que no se desean recordar e imposibles de desconocer. El año de la gran plaga (1665), con su enorme poder devastador, ya había cambiado para siempre el destino de Londres. Fue en 1666, tan solo un año después, cuando el fuego la asoló. La ciudad definitivamente cambió. La huida de las clases ricas hacia zonas menos pobladas se había disparado como consecuencia de la enfermedad.

El Londres hacinado de la City era un verdadero foco de infección. St. James había comenzado su expansión. El centro de Londres era ahora un lugar de muerte del que ni siquiera sus casas (la madera había sido lo primero en arder) habían quedado en pie. Era la hora de la reconstrucción.  Había llegado el momento de pensar en calles más amplias, edificaciones más sólidas, más seguras, menos hacinadas. No solamente había que reconstruir, sino cambiar. El nombre de sir Christopher Wren ha quedado vinculado desde entonces, tanto a la historia de Londres en general como a la de la reconstrucción de la “City” en particular, gracias a un estilo que además de tener en cuenta los objetivos precisos del proyecto, aportó homogeneidad y una cohesión arquitectónica que todavía hoy es de elogiar.

Christopher Wren


Una de sus obras más famosas es la St. Paul´s Catethral, la única barroca del país, la primera edificada por un solo arquitecto. Más allá de los logros técnicos y estéticos de esta obra, para el punto de vista que hoy pretendemos asumir, el dato llamativo es que esta impresionante catedral es, en realidad, la quinta reconstrucción. 

Londres cuenta, entre sus muchas virtudes, con un gran número de zonas verdes. Ocupan más de una décima parte de su superficie. Sabemos del amor que los ingleses sienten por sus parques y jardines, el papel que desarrollan en el sosiego urbano cotidiano. Entre sus más de 1700 parques hay infinitos itinerarios posibles, variantes para todos los gustos y, sobre todo, los estados de ánimos. El circuito de estas rutas no se limita únicamente a las inmensidades de los Royal Botanic Gardens o Richmond. Los minúsculos patios (algunos de ellos secretos o muy poco visitados) de las iglesias de la City, son parte de esta británica afición y de los capítulos de su más genuina historia.

La City: las iglesias y patios de Wren 


De las 51 iglesias construidas por él a partir de 1670 como parte del proyecto de reconstrucción del centro de Londres, solamente quedan 23. Durante la Segunda Guerra Mundial (Blitz: bombardeo sistemático, a diario, de día y de noche, de la Luftwaffe sobre Londres, entre el 17 de septiembre de 1940 y el 16 de mayo de1941) 19 de ellas fueron bombardeadas y el resto se perdieron por distintos motivos.

En el centro de Londres se encuentran St. Mary at Hill y St. Stephen Walbrook cuyas cúpulas merecen la pena detenerse. La fachada de St. Lawrence Jewry está basada en el gran proyecto para la St. Paul´s Catethral. St. Bride es de una asombrosa factura barroca.

De St. Magnus the Martyr deslumbran las columnatas que soportan las bóvedas de la nave, su diseño clásico y su suntuoso interior. Su campanario, añadido en 1705 es una de las mejores obras de Wren (también son extraordinarios los de St. Bride y Mary Le Bow, bajo el alcance de cuyo sonido hay que nacer si se desea ser un auténtico inglés). En St. Margaret Lothbury, el arquitecto añadió una torre en forma de obelisco y los muebles de la nave son un diseño suyo para el baldaquino y la reja.

En St. Mary Abchurch, su cúpula fue pintada por William Show y alberga varias de las mejores tallas en madera de la City del S. XVII. El retablo de Grinling Gibbons es la obra maestra de la iglesia. St. Margaret Pattens, St. Martin Within Ludgate y St. Mary Aldermary  -única iglesia gótica de Wren, exhibe un trabajo en yeso, en su cúpula, que es único en la City, en el S. XVII- son otros de los espacios que podemos visitar.

Todas las iglesias de C. Wren tienen, según los entendidos, algo especial. Más allá de esto, sin embargo, tal vez nos sirva recordar que en el entretejido de las calles, a cielo abierto, en los recodos, grandes o pequeñas, pueblan las capitales o los humildes poblados con una única y misma razón de ser: ese espacio protector al que las almas dolientes van en busca de consuelo. Hoy y ayer. Todos sabemos lo que esa experiencia es. Sus recónditos patios tal vez nos ayuden a tomar el aire que necesitamos para poder continuar.
Marina Bianchi

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