martes, 20 de diciembre de 2011


Taxco: turismo en México


Taxco de Alarcón


A 170 kilómetros de la ciudad de México y en el departamento de Guerrero se encuentra Taxco de Alarcón, una bella población sobre las faldas de los cerros inundadas por casas blancas de tejados rojos y jardines floridos. Si bien no tiene playas, los millares de turistas que la visitan en su paso a Acapulco o como destino exclusivo quedan encantados con sus callejones empedrados, plazuelas, faroles, balcones de herrería labrada, cruces de piedra, fuentes y casas señoriales centenarias.

La plata de Taxco


Recordemos que la historia colonial mexicana comienza en 1521 con la toma de la ciudad azteca de Tenochtitlán por parte de los españoles y va a extenderse a lo largo de trescientos años, período de mestizaje de ambas culturas en donde se levantan numerosas construcciones civiles y religiosas que impactan por su fastuosidad. En particular Taxco preserva su patrimonio arquitectónico, que le ha valido la distinción de Monumento Histórico Nacional.

Taxco significa “juego de pelota” o “sitio donde se juega a la pelota” en lengua indígena náhuatl y comenzó en 1528 siendo el primer sitio minero del continente americano, con la explotación desde los albores de la Colonia de sus yacimientos de plata, otros metales y piedras preciosas. Hoy se pueden admirar numerosas casas y ferias de platerías, donde artesanos y orfebres cincelan joyas y piezas ornamentales imprimiéndoles características tanto prehispánicas como contemporáneas.

Turismo en Taxco


Desde cualquiera de los puntos de la ciudad se recorta la catedral de estilo barroco-mexicano de Santa Prisca, que fue construida entre 1748 y 1758 y es una de las mejores conservadas en el país.

El Museo Guillermo Spratling guarda piezas prehispánicas, hace honor a quien fuera el fundador del primer taller de plata que llamó Las Delicias e inauguró la tradición orfebre. También la Casa Humboldt que alberga el Museo de Arte Virreinal construido en la segunda mitad del siglo XVIII merece una visita, así como el Ex Convento de Bernardino Sierra, originariamente de adobe y luego reconstruido en estilo neoclásico.

El original mural de Juan O’Gorman está hecho en piedra local sin colorantes, el artista plástico utilizó los tonos naturales rojo, verde y amarillo para diseñar un homenaje a Cuauhtémoc, el último emperador azteca.


Si se quiere tener una visión panorámica nada mejor que abordar el teleférico, que sobrevuela montes y tejados a través de ochocientos metros. Por su parte el barrio de Guadalupe, una de las zonas más altas de la ciudad, también hace de atalaya para avistar buena parte de la ciudad. Mientras el cuerpo aguante lo ideal es caminar sin apuro, trepar y descender sus callejuelas y escalinatas e ir descubriendo el pasado en los pliegues de Taxco, donde a cada paso nos sorprenderá una imagen maravillosa. No sería extraño que perdamos el rumbo como si estuviéramos trajinando un laberinto, aunque siempre nos quedará el recurso de levantar la vista y divisar las torres campanarios de Santa Prisca para orientarnos.

Graciela Ullán del texto y las fotografías


1 comentario:

GMP dijo...

He tenido la suerte de visitar Taxco, un lugar fantástico. Absolutamente recomendable. Guadalupe.

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