viernes, 23 de septiembre de 2011


Los cafés de Europa: Madrid, Lisboa, París

Eran tiempos distintos, por supuesto. Eran tiempos en los que el mundo marcaba un ritmo más lento. Eran tiempos de cambio, como todos los tiempos. Y eran tiempos en los que una pujante burguesía empezaba a imponer sus costumbres: unos modos mundanos y abiertos en contraposición a la cerrada clase aristocrática. 


Con esta filosofía y con esta ética de vida, los aspirantes a caballeros, ricos comerciantes, actores de más o menos renombre, pintores y poetas se daban cita en unos establecimientos novedosos en la época: los cafés. Aunque el concepto ha llegado hasta nosotros, la cosmovisión de los que se adentran en estos lugares ha cambiado tanto que apenas son reconocibles.

Los cafés nacieron como lugares de encuentro en el que primaba la libertad y el acceso libre en contraposición a los elitistas clubs y salones aristocráticos a los que, por supuesto, únicamente se podía acceder por estricta invitación.


Cafés de París 


El primer café europeo, occidental y, probablemente, del mundo fue Le Precope, en París y, según anuncian sus dueños actuales, ha acogido a todo el mundillo de la cercana Comedia Francesa desde finales del siglo XVII. Al café se iba para socializarse, para charlar, para enterarse de las últimas noticias internacionales (con semanas de retraso en alguna que otra ocasión), para dar a conocer a algún artista plástico o para leer poemas, obras literarias e, incluso, manifiestos. 

Los cafés propiciaron las tertulias de diversos temas, desde las económicas hasta las literarias y tuvieron su influencia en las ideas ilustradas. Los aires de renovación que afectaba a la vida cotidiana, no podía ser de otra manera, acababa impregnando la política. Los cafés funcionaban como el foro o el ágora de la Antigüedad y como el Facebook, Linkedin y Twitter contemporáneo. Era una red social tupida y abierta.


A finales del siglo XIX casi todas las capitales europeas tenían su circuito de cafés famosos atestados a todas horas de bohemios y caballeros de vida poco sana. Aunque son pocos los que continúan abiertos hoy en día y, por supuesto, han perdido el carácter de encuentro de antaño, aún son muy famosos los parisinos del barrio Saint Germain-des-Pres (Les deux magots o el Café de Flore), los de Berlín, los de Viena, el A Brasileira en Lisboa (donde prácticamente vivía el poeta Pessoa) y, por supuesto, también en Madrid. Reducto de esos tiempos pasados es, por ejemplo, el Café Gijón.

Tengo que reconocer que estos espacios, como encuentro para la conversación distendida y lugares propicios tanto para la creación como para la “promoción” de las obras, me han atraído desde siempre. El ambiente mítico del que se rodean, unido a su halo mágico, ejercen un irresistible poder de seducción por quien, de una manera u otra, se dedica a la palabra. Además, muchos de ellos completan su oferta con presentaciones de libros o exposiciones. Por eso he escrito sobre algunos de estos establecimientos, los que aún permanecen abiertos hoy en día.

Si queréis saber más, aquí os dejo algunos links de mi autoría.


  • Los cafés literarios de París
  • El Café Brasileira y la leyenda de Pessoa
  • Los cafés literarios de Madrid: del Pombo al Café Gijón

Por supuesto, no están todos, pero son todos los que están. Como siempre, se acepta todo tipo de sugerencias.



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